Crónica · Liberia
Liberia, la ciudad que todos transitan y pocos conocen
Liberia nació en 1769 como un lugar para descansar del camino, y más de dos siglos y medio después sigue siendo una ciudad de paso. Esta es mi invitación a quedarse un poco más.

Juan Vegas Tocci · Fundador y anfitrión
11 de octubre de 2026
Diseñador gráfico y fundador de Casa Buda Liberia. Escribo sobre la Liberia que le recomendaría a un amigo.

Todo empezó con un libro. Llevo unas semanas leyendo Liberia en los siglos XVIII y XIX. Historia de la Ciudad Blanca, de Edgar Solano Muñoz, y una idea me dejó pensando más de lo que esperaba: Liberia nació como un lugar donde los viajeros se detenían a descansar antes de seguir su camino.

En 1769, en el cruce de los caminos que venían de Rivas, Bagaces y Nicoya, se levantó una ermita. A su alrededor fue creciendo un caserío que la gente llamó El Guanacaste, por los árboles enormes que daban sombra a viajeros y ganado. Quienes bajaban del norte rumbo al centro del país se detenían aquí a comer, a dar de beber a los animales y a pasar la noche. Al día siguiente seguían su camino. Recién en 1854 el pueblo recibió el nombre que lleva hoy: Liberia.

Lo curioso es que, más de dos siglos y medio después, en lo esencial poco ha cambiado. Hoy el camino es un aeropuerto internacional y los viajeros llegan con maletas de rueditas en lugar de carretas, pero la mayoría sigue haciendo lo mismo: aterriza, duerme una noche y sigue hacia la playa. Liberia sigue siendo la ciudad donde uno descansa del viaje. Y a mí eso, lejos de parecerme una debilidad, me parece su encanto.
Todo queda cerca
Si uno se detiene un momento y mira el mapa, entiende por qué aquí se cruzaban los caminos. Liberia está en el centro de todo. En unos 30 minutos puedes estar frente a una catarata como La Leona o metido en una poza de agua turquesa. El Rincón de la Vieja y el Miravalles quedan a la vuelta de la esquina, y las aguas termales también. Hacia el sureste, Bijagua y el Río Celeste; hacia el oeste, las playas del Pacífico.

Pocas ciudades en Costa Rica tienen esta mezcla: volcán en la mañana, playa en la tarde y una buena cena en la noche, sin tener que cambiarte de hospedaje.

La ciudad que resuelve
Esa ubicación tiene otra ventaja que pocos viajeros valoran hasta que la necesitan: Liberia es la ciudad que resuelve. Aquí están los bancos, los concesionarios, PriceSmart, Walmart y los supermercados grandes; todo eso que en la costa no encuentras o te cuesta mucho conseguir. Si se te rompió algo, si necesitas efectivo o quieres hacer un buen súper antes de irte a la playa, este es el lugar.

Y la ciudad está creciendo rápido. Cada temporada llegan más vuelos, abren lugares nuevos y se siente un movimiento que hace unos años no existía.
Aquí se come bien, de verdad
Me atrevo a decir algo que sorprende a muchos de nuestros huéspedes: en Liberia se come muy bien. Hay propuestas que justifican la visita por sí solas, como Sabor Porteño, Astorga o La Forqueta. Para algo más sencillo y sabroso, Sr. Patacón tiene el mejor rice and beans de la ciudad, y en Pizzería Los Juanchos está la mejor pizza de Liberia, y cuidado si no de Costa Rica. Y si quieres probar comida guanacasteca de verdad, de la que se cocina como en casa, Autóctono es una apuesta segura: cocinan a leña, como se ha hecho siempre en Guanacaste.

Y el café merece capítulo aparte. Hay más cafeterías de especialidad de las que esperarías en una ciudad de este tamaño: Meztli, Avenida 4, Café Negro, La Cabaña, Dobore… Conseguir un buen café o un buen pan en Liberia no es ningún reto.

Pero lo que más disfruto es lo auténtico: la comida guanacasteca de siempre, la que todavía se cocina como en casa de la abuela. Si tienes la oportunidad, pide un arroz de maíz. Es de esos platos que te dicen exactamente dónde estás.
Lo guanacasteco
Hay una Liberia que solo se descubre caminando despacio. Es la del señor de sombrero, sentado en una silla en el corredor de su casa, viendo pasar la tarde. Es el parque central, con una vibra única y escenas que solo pasan aquí. Es el Museo del Sabanero, que reabrió sus puertas en enero de 2026 y poco a poco va contando la historia de la cultura sabanera que le dio identidad a esta provincia.

Los guanacastecos tienen un carácter muy propio. Cuando este territorio se anexó a Costa Rica en 1824, mucha gente no se sentía ni nicaragüense ni costarricense: se sentía guanacasteca. Hasta el día de hoy, ese sentimiento sigue vivo; yo lo veo todos los días. Y es justamente ese arraigo lo que mantiene tan presentes su cultura, su comida y sus tradiciones.

A veces me imagino una Liberia con músicos en el parque, mesas en las aceras, turistas caminando en un free walking tour y más espacios para su cultura. Creo que va por buen camino.
Mis imprescindibles
Si vas a pasar por Liberia, aunque sea una noche, esta es mi lista:
- Playa Cabuyal: para mí, la mejor playa de Liberia.
- Catarata La Leona: a unos 30 minutos; hay que caminar y nadar un poco para llegar, y vale cada brazada.
- Los miradores: a las afueras de la ciudad, como el Mirador de Liberia, el Mirador Atardecer de Curubandé o el Mirador de Cañas Dulces, para ver caer el sol sobre la llanura guanacasteca. Mejor ir acompañado.
- Sabor Porteño: un clásico. Cualquier ceviche y cualquier pasta que pidas es increíble; le dedico un artículo completo.
- Pizzería Los Juanchos: la mejor pizza de Liberia, y cuidado si no de Costa Rica. Pide la de burrata.
- Autóctono: aquí todo se cocina a leña, y se nota en cada bocado. Es comer como se ha comido siempre en Guanacaste; el arroz de maíz es obligatorio.
- La Selegna: la cantina sabanera de toda la vida, con un reportaje del New York Times enmarcado en la pared; también le dedico un artículo.
- Museo del Sabanero: para entender de dónde viene todo esto.
- El parque central: siéntate un rato y mira pasar la ciudad.


Quédate una noche más
Liberia nació para que los viajeros descansaran del camino, y tantos años después sigue cumpliendo esa promesa. Mi invitación es simple: cuando vengas, no la uses solo de paso. Quédate una noche más. Camínala, pide un café, siéntate en el parque, conversa con alguien. Vas a entender por qué todavía hay gente que llega a Liberia por una noche y termina quedándose.

